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El último viaje

Horario:

Lunes – Viernes: 09:00 – 14:00 y 16:00 – 21:00

Sábados, Domingos y Festivos: 10:00 – 13:30 y 16:00 – 18:30

La vida de Enrique Jiménez Carrero está marcada por el movimiento, por el camino, por el tránsito, por el viaje. Sus ojos se abrieron a la luz entre las murallas de Granadilla, donde pasó sus primeros años entre huertos, gentes humildes y calles empedradas. Pero su historia es también la crónica de un desarraigo, donde el líquido elemento en esta ocasión no llegó para ofrecer vida, sino para inundar sus recuerdos, su pasado y su identidad. Pero como dice el propio pintor con sabias palabras: “A Granadilla no le ahogó el pantano, le ahogaron las lágrimas”. Su primer itinerario, por tanto, fue forzado, no voluntario, y eso sellaría irremediablemente su biografía y, en consecuencia, su creación artística.

Pero lo que el agua le arrebató se lo devolvió la pintura, ya que ese primer sendero le condujo a explorar un medio de expresión que le permitiera reencontrarse con lo perdido y reconciliarse con lo añorado. Y ese lenguaje lo halló en el arte, donde desde sus primeros trazos Enrique buceaba por la memoria con el afán de retenerla, de ofrecerle el lugar que no debía perder. Eso le condujo a atrapar el tiempo en sus lienzos, a crear imágenes evocadoras, oníricas y sensitivas en un cosmos en el que fotografías en blanco y negro, juguetes antiguos, lápices gastados, azulejos y baldosines, hojas de cuadernos o papeles rasgados nos hacen viajar al pasado y nos invitan a hacernos preguntas, a dialogar con el enigma, a sentir con cercanía, a modular nuestra sensibilidad y a emocionarnos.

Su vocabulario plástico sigue siendo una permanente en su obra, ha logrado lo más complejo, generar un canon propio y establecer códigos de identidad que nos permiten reconocer sus cuadros en cualquier contexto. Sin embargo, no ha cesado en la evolución de su lenguaje abriéndose a nuevas vías, explorando nuevos caminos creativos, transitando hacia nuevas formas. Esta exposición es muestra de ello, donde no falta espacio para el óleo, la técnica mixta, la escultura, la realidad aumentada, la instalación, la colaboración con otros artistas, la figuración más realista, el trampantojo, la abstracción, la pureza…

Como hijo adoptivo de Plasencia, este artista, peregrino de los patrones emocionales, ofrece en esta muestra un proyecto que generosamente entrega a la ciudad, un epílogo de su amplia y reconocida trayectoria, con un asombroso potencial visual, que culmina en lo que él mismo titula como Mi último viaje.

 

Fernando Talaván Morín

Enrique Jiménez Carrero’s life is characterized by the movement, the path, the passage and by the journey. His eyes opened up to the light between the walls of Granadilla, where he spent his first few years among gardens, humble people and cobblestone streets. But his story is also the chronicle of an uprooting, where this time the liquid element didn’t come to offer life, but instead to flood his memories, his past and his identity. But like the painter himself says in these wise words: “Granadilla wasn’t drowned by the swamp, it was drowned by tears”. Thus, his first trip was forced, not voluntary, and this fact would irrevocably seal his biography and by extension, his artistic creation.

Although what the water took from him, painting gave it back, since that first path taken took him towards exploring a means of expression that would allow him to find himself again after all he had lost and to come to terms with all that he longed for. And he was able to find that language in art, where from his first strokes Enrique would dive into his memory with the purpose of keeping it there, offering him the place he should never lose. This fact drove him towards trapping time into his canvas, creating evocative, dreamlike and sensitive images in a cosmos where black and white photographs, old toys, used pencils, tiles and slabs, notebook pages or ragged sheets of paper help us travel to the past and invite us to ask ourselves questions, to talk to the enigma, to feel with proximity, to adjust our sensitivity and to be moved.

His synthetic vocabulary is still a constant in his work and has achieved the most complex part, to generate his own standard and to establish identity codes that allow us to recognize his paintings under any kind of context. Nonetheless, it has not ceased in the evolution of his language making way to new paths, exploring new creative ways, moving forward to new forms. This exhibit is a perfect example of this, where there is space for the oil paint, the mixed technique, the sculpture, the augmented reality, collaboration between artists, the most realistic figures, the illusion, the abstraction, the purity…

As a child adopted by the city of Plasencia, this artist, a pilgrim of emotional patterns, offers in this exhibit a project that he has generously given to the city, an epilogue of his wide and recognized trajectory, with an amazing visual potential that culminates in what he himself calls My last journey.

 

Fernando Talaván Morín

Cuando os marchéis no podéis dejar ni una silla

Esas palabras quedaron en la memoria de J.Carrero cuando con tan solo 11 años tuvo que dejar su pueblo, Granadilla, porque en él se iba a construir un pantano. 

Ver los ojos llenos de lágrimas de sus vecinos y familiares por arrebatarles su hogar, han marcado el estilo del gran pintor universal que impregna en sus obras emoción, transmisión y belleza.

Desde ese día presintió que tenía el talento para contar con sus manos, lo que sus ojos y corazón veían, como un periodista resiliente que sabe de la responsabilidad de cuidar el don divino de emocionarnos con sus creaciones, sin querer llegar a todos pero maravillando a los que sabemos apreciar sus obras. 

La expresión femenina, la elección de colores, el azulejo, incluso la música que imagino al ver cada cuadro, son un disfrute constante para los sentidos. 

Más de cuatro décadas e infinidad de premios avalan una trayectoria impecable mundialmente reconocida, pero sobre todo destaca la calidad humana de un hombre que quiso dar imagen a los sentimientos de sus seres queridos y a los suyos propios. 

Frida Kahlo escribió una frase que para Carrero definiría su sentir: “Intenté ahogar mis dolores pero ellos aprendieron a nadar.”

Querido Enrique: Bendito dolor que has transformado en herramienta de trabajo para sanar con tu obra. Porque para mi, sin duda tu obra es sanadora. 

 

Diana Navarro

Artista Multidisciplinar

These words have remained in J. Carrero’s memory since he was just 11 years-old and had to leave behind his home town, Granadilla, because they were going to build a reservoir in its place. 

Seeing the tearful eyes of his neighbors and family members because their home was being taken away from them marked the style of this great universal painter and has impregnated his work with emotion, transmission and beauty.

Since that day, he felt he had the talent to tell with his hands what his eyes and heart were seeing, like a resilient journalist that is aware of the responsibility of taking care of the divine gift of thrilling people with their creations, without being able to reach everybody but delighting those who know how to appreciate his art.

The female expression, the choice of colors, the tiles, even the music I think of when I see each of his paintings, they are all a constant enjoyment of the senses. 

Over four decades and an infinite number of awards endorse a world-renowned impeccable trajectory, but what really stands out is the human quality of a man who wanted to create an image of his own feelings and those of the people he loved. 

Frida Kahlo once wrote something that would define Carrero’s feelings: “I tried to drown my sorrows but the bastards learned how to swim”.

Dear Enrique: Blessed sorrow you have transformed into a healing working tool with your work. Because for me, without a doubt, your work has healing powers. 

 

Text by the artist Diana Navarro

Colaboradores